Colección Trabajo Social | Ediciones UAH

 

Título: Desigualdad, Legitimidad y Conflicto: Dimensiones políticas y culturales de la Desigualdad en América Latina

Autores: Mayarí Castillo, Manuel Bastías y Anahí Durand (compiladores)

Ediciones Universidad Alberto Hurtado | Marzo de 2011 |330 páginas

 

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RESEÑA DEL LIBRO

Por: Elena Riegelhaupt

Trabajadora Social. Publicaciones de Pos grado. Maestría en Trabajo Social. Facultad de Trabajo Social, Universidad Nacional de Entre Ríos, Argentina.

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La obra corresponde a la colección Trabajo Social de las Ediciones Universidad Alberto Hurtado. Los compiladores, una antropóloga, un historiador y una socióloga construyen cuatro ejes alrededor de los cuales agrupan las producciones de una argentina, un brasilero, seis chilenos, dos colombianos, una peruana, tres mexicanos y dos salvadoreños, profesionales académicos que abordan sus producciones desde las particularidades de sus respectivos países.

Esfuerzo valioso resulta la invitación a distintas disciplinas, debiendo destacarse la predominancia de la mirada sociológica (por lo menos seis de los trabajos proceden de esa disciplina), seguida de la antropológica y complementada con miradas de la psicología, la economía, los derechos humanos y el trabajo social.  Asimismo, de igual valor el incorporar trabajos de varios países, algunos distantes. Los autores despliegan con pertinencia las temáticas abordadas, si bien lo hacen desde las particularidades de sus países de origen, quedando con ello  relativizada la posibilidad de generalizar los valiosos aportes hacia el contexto latinoamericano.

Acorde a lo expresado en la Introducción, el primer eje, desigualdad y conflicto, analiza cómo los actores construyen la desigualdad como problema en el espacio público y su impacto en la dinámica social; el segundo, legitimación y cultura, describe los procesos socioeconómicos, culturales y psicosociales que intervienen en la construcción del consenso acerca de la idea de desigualdad; el tercero, política y desigualdad, analiza el campo político que asegura la continuidad de una comunidad política en contextos de alta desigualdad; el cuarto eje refiere al rol del Estado y la política pública, en cuanto al papel regulador, transformador o reproductor/avalador de la desigualdad.

Suele suceder que cada lector desordena y/o reordena los contenidos de una obra según su singular clave de lectura, y es precisamente mi caso, por lo que me atreveré a proporcionar mis impresiones alterando la forma de presentación del libro desde un hilo argumental que, por supuesto, no será lineal ni exhaustivo, en tanto se analizan ciertos aspectos que considero significativos de algunos artículos que integran la obra, por lo tanto ésta es sólo una de varias lecturas posibles.

Hoy día es por lo menos cuestionable que “la base de la matriz de riesgo formulada por el Banco Mundial” sobre la cual se ha construido el modelo de intervención social en Chile y rápidamente asumido en la década del noventa por los estados latinoamericanos debido a su subordinación, se haya elevado como modelo y ejemplo de eficiencia y eficacia en la entrega de bienes y servicios, tal como lo propone la trabajadora social chilena en su artículo sobre “Chile crece contigo”. Se puede afirmar que ese modelo de intervención social ha sido más bien el reflejo de la subordinación de nuestros países a las agencias internacionales y la ignorancia, deliberada o no, del real margen de maniobra con que cuenta cada país para decidir con autonomía y visión propia acerca de sus problemas. Desde distintos sectores y países, este modelo de intervención está siendo fuertemente cuestionado y abundan los ejemplos en los cuales la mayoría de las políticas sociales, enmarcadas en la focalización implementada han funcionado más como reproductoras de condiciones de pobreza en lugar de aportar a su superación.

El artículo de Argentina describe uno de estos cuestionamientos desde la experiencia piquetera, señalando los límites de la misma en tanto conceptualiza “organizaciones  híbridas, entre movimiento social y organización prestadora de servicios”, constituyéndose a veces en catalizadoras, instalando la desocupación como intolerable y, en consecuencia, como problema político identificando a las autoridades como responsables y, a veces, poniendo límites al devenir en gestoras o distribuidoras de recursos. La contracara de este tipo de cuestionamiento es la situación colombiana tal como la narra el sociólogo Gamba Trimiño, donde no es que no exista el cuestionamiento, sino que el grado de violencia extrema en que se expresa le permite caracterizar “un modelo de desarrollo que combina de manera explícita la violencia con la desigualdad social, en donde la primera no es una condición fortuita, sino que es parte intrínseca de la forma de acumular capital. (…)  El análisis de factibilidad (del modelo de desarrollo colombiano) estuvo a cargo de Fedesarrollo, la versión criolla de los Chicago boys chilenos, los cuales estimaron que por cada peso invertido en la guerra retornarían tres de ganancia (Sarmiento, 2007:26)”. (pag. 260 y 263).

El libro realiza aportes conceptuales interesantes en términos de clarificar el hecho de que no puede hablarse de desigualdad en América Latina, sino de múltiples desigualdades, siempre referido a los siete países cuya realidad se aborda. Y que estas desigualdades están estrechamente vinculadas con distintos aspectos según el país de que se trate: la capacidad de respuesta de los sectores sociales más perjudicados, la capacidad represiva del Estado para sostener y fortalecer determinado modelo de acumulación capitalista, las condiciones de emergencia de la sociedad luego de procesos prolongados de guerra, la capacidad estatal de penetración ideológica, el grado de desarrollo de los sistemas de protección estatal previos al huracán neoliberal, la capacidad de los movimientos indígenas para visibilizar sus demandas (de acceso a tierras, de mejoramiento de las condiciones de vida, de participación en la legislación que los afecte directamente, de lucha por la soberanía alimentaria, de preservación de semillas nativas, entre otros).

En varios artículos los autores se referencian –referencia obligada, por otra parte- en los discursos de los organismos internacionales de cooperación, básicamente el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. En estos discursos se proponen políticas de combate a la pobreza y la desigualdad fundados en el multiculturalismo y la participación pero, en la realidad, van a contrapelo de la pregonada autonomía. Según la cita de Rosalva Aída Hernández, estas formas oficiales de multiculturalismo pretenden respetar la cultura local desde una posición universal privilegiada, porque mantiene un punto vacío que permite esconder el anonimato universal que se expresa en la práctica del capital, cuya presencia masiva desarrolla una percepción social que no permite imaginar su caída (cita de pag. 85). Por ello ya no se debate en los estados latinoamericanos el ideal político de la distribución de la riqueza sino que se prefiere apuntar a atender la pobreza como un problema de poblaciones vulnerables. He aquí, entonces, la justificación ideológica de la focalización, cuya otra cara es la destrucción de los sistemas de protección universales.

La idea de Hernández rescatada en el artículo de Cuadriello Olivos ofrece pistas que pueden ser la clave para comprender el recorrido de las desigualdades y las respuestas que han emergido en los países considerados, como así también permite calibrar la fuerza con la que se instaló el modelo de políticas sociales focalizadas, se reconozcan como tales o no.  Hablar de poblaciones vulnerables en un contexto de alta desigualdad y altos índices de pobreza ya deja en claro la perspectiva desde la que se está interviniendo. Para decirlo con claridad: cuando los vulnerables constituyen la mayoría de la población, lo que está flaqueando es la construcción del concepto. La información de UNICEF es, por sí misma, sobrecogedora en este sentido (pag. 163)

Ahora bien, cabría preguntarse si esta consideración sigue vigente habida cuenta de las modificaciones del contexto en la presente década.

Esta obra brinda argumentos interesantes para tal discusión que, de propiciarse, debería tomar razón, asimismo, de otros aspectos tanto económicos como geopolíticos, por cuanto resultaría enriquecedor continuar con el abordaje de los conceptos desigualdad, legitimación y conflicto a la luz de las resignificaciones necesarias que emergen de la crisis de los países europeos que han  empobrecido a sus pueblos (Grecia, Portugal, España), de las tasas de crecimiento de Brasil y Argentina, y de la importancia estratégica de los acuerdos políticos y económicos de varios países sudamericanos, entre otras.

 

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